
Da inicio este martes en la noche el carnaval pinareño que se extenderá hasta el domingo con su carga de alegría, sus fuegos de artificio, muñecones, comparsas y carrozas.
Es un suceso tradicional que ocurre cada año, pero que contagia con su movimiento. Kioscos y tarimas para la venta de comestibles y golosinas se levantan aquí y allá.
En las cercanías del parque de la independencia ensayan las comparsas desde hace días. Los bailarines terminan sus coreografías a altas horas de la madrugada, mientras los curiosos los miran de la acera admirados de tanto movimiento y cadencia.
Nadie como un cubano para organizar una fiesta, él se pinta solo para el caso.
Los niños ya le recuerdan a sus padres que quieren ir a ver a los muñecones y a comprar chucherías: churros, algodón y otras golosinas.
El carnaval es un sitio de reencuentro. Personas que desde hace años no se ven coinciden en un ambiente festivo, relajado, propicio para el amor y el divertimento.
Grupos y orquestas de fama nacional siempre se dan un salto por acá para que la gente saque el brillo bailando a las suelas de sus zapatos.
Son los días de los excesos: las risotadas en la madrugada, los piquetes de personas que concluyen la fiesta haciendo cuentos animadamente; las parejas que se besan en la penumbra de una columna.
Se desencadenan los dioses del jolgorio, como dice un amigo, y se dan cita Baco y Cupido.
El carnaval es un estado de ánimo. Y cada cual hace su propia fiesta. Hay familias que no salen a la calle, sino que se sientan en los amplios portales de esta ciudad de provincia para ver bailar a las muchachas en lo alto de las carrozas.
Cada quien escoge la modalidad que más pega con su carácter. Pero sin dudas son días de alegría contagiosa y muchos economizan sus ahorros para los gastos de estos días.
5 comentarios
Zenia -
Marcos Solís -
( Yo estoy en Santiago de Chile, último de aburrido en esta ciudad súper fome )
Zenia -
Duarte: ¡Qué bueno que estás por acá¡. Estos son días muy movidos. La cerveza ya está en los kioscos y la gente comienza a agolparse en la calle, a las cinco en punto rompe el jolgorio.
Duarte Manzalvos -
RAYDIGON -